Cuento de otoño 2018 Me canso ganso, la esperanza llegó.

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Carlos Miguel Flores Pérez

Aquí estoy, esperando el primero de diciembre. Ah, el primero de diciembre, y aunque yo se que no seré invitado a la toma de posesión de mi presidente, ahí estará él, que es lo que cuenta, gigante como es, por fin con la banda presidencial verdadera, no aquella del presidente legitimo que confeccionó a toda prisa. Yo no iré a la sesión de congreso, no se porque, pero no iré, porque los pobres no podemos ir a esos lugares. No sabemos comportarnos quizá. No importa. Aquí estoy, feliz. Me llaman el pejezombi xalapeño. Aquí nací, en Xalapa, por rumbos de la Progreso Macuiltepetl, mi colonia. Xalapa es la tierra de grandes hombres como Antonio López de Santana. Vean, López como mi presidente Andrés. Sí, soy pejezombi y qué. Quiero decirles que yo no me pierdo ningún discurso de mi presidente, a quien oigo con devoción y solo no lo escucho cuando mi presidente habla con los empresarios, los ricos, porque con ellos también tiene que hablar porque el es el presidente de todos y tiene que atender a todos por igual y aunque no me haya recibido a mí, aunque ya fui a Chihuahua, una calle de México, y aunque estuve toda una semana pasando hambre y frio, no pudo recibirme. Me dijeron que otro día me recibiría porque estaba atendiendo a hombres importantes de negocios. Mi presidente sabe lo que hace porque su “boca no se equivoca”. A mi presidente lo escuche por la tele, que estaba en Querétaro y le oí palabras hermosas, palabras de mucha inspiración, unas palabras que yo nunca les había tomado la importancia necesaria hasta que él las dijo frente a los que estaban en la plaza de armas- Con esas palabras tan llenas de fuerza celestial, me sentí transportado frente al presidente y sentí que le hablaba, y que a veces hablaba solo, al aire, como el devoto le habla al señor de los cielos, al padre, al hijo o a la palomita blanca, blanca como la cabecita de mi presidente, al espíritu santo. Extasiado, así dije: esas palabras me parecieron las palabras más bellas jamás pronunciadas nunca por alguien en ninguna parte. Tú las dijiste mi presidente como sabiendo que esas palabras la estábamos esperando desde aquel 1 de julio en que el pueblo, millones, determinaron que tu serias el mero mero petatero y maromero, el preciso, el dueño por seis años de la silla del águila real y, con esas palabras desarmaste a cuanto incrédulo queda aún por todas partes, esos que no aceptan que tú ya eres el presidente de todos, esos que están buscando 3 pies al gato, sabiendo que solo hay gatos de 4 extremidades.
Dijiste, con aplomo, con tu voz pausada de tabasqueño, porque sabes que hay quienes dudan, porque tu lo sabes todo, tu sabes de hacer pozos petroleros con solo hacer un hoyito en la tierra y tu sabes la importancia de seguir los pasitos de una paloma, tu sabes cuando que hay quienes dudan de que serás capaz de construir el tren maya allá en el sureste, en la antigua tierra de esos hombres del pasado que viven aún en nuestras mentes, que han sobrevivido a los siglos por sus petreas obras, por esos grandes edificios que aún admiramos porque entre muchas cosas que asombran, es que fueron capaces de un pensamiento de tal abstracción que concibieron nada más y nada menos que el “cero”, ese cero tan importante, porque por eso sabemos hoy que estamos en cero, cero progreso, cero certidumbre, cero progreso, cero desempleo, cero comida en las panzas de millones, cero, que bonito número para designar a la nada, esa nada en que nos encontramos porque los dueños del dinero se lo han tragado todo; esos mismos hombres mayas, así como has decidido que se llame el tren que construirás sin dañar un solo árbol, esos mismos mayas estudiaron las estrellas porque fueron grandes astrónomos, sabios; estoy seguro que tú, mi presidente, mi cabecita de algodón, eres heredero de esa raza de gigantes mayas del pasado que construyeron la civilización de mas de mil quinientos años, y, además, heredaste esa sabiduría y también estoy seguro dominas la magia de los adoradores del jaguar, por eso sabias que millones necesitábamos esas palabras que estoy totalmente seguro, son las palabras mágicas del sexenio que tú, mi presidente, desde la silla grande gobernarás a un pueblo que espera todo de ti, espera que el cero, la nada lo conviertas en mucho, como el industrioso Slim, mucho para el pueblo; muchos, muchos sabemos que solo tú puedes regresarnos, como ya lo has hecho en gran medida, la esperanza perdida; son las palabras del conjuro, las palabras que derrumbaran muros, las palabras que separarán las aguas de los mares y multiplicaran los panes y los peces si tú, mi único peje que no es lagarto, así lo determinas. Las palabras mágicas, de conjuro, las dijiste en el bajío, en la vieja ciudad conservadora de Querétaro, en esa ciudad de conspiración y de inspiración, ciudad de paso donde en su andar, a principios del siglo veinte, José López Alavez que huía del hambre como siguen huyendo ahora muchos en busca de eso que llaman el sueño americano, se inspiró en las arboledas de la alameda Hidalgo muy hondo y le salieron las palabras de la canción mixteca, canción que luego luego ganó un premio en el concurso convocado por el periódico que todavía se llama el Universal, ahí, en esa ciudad a tí también te llegó la inspiración, ahí tu también, como el otro López, el oaxaqueño músico hambriento, Querétaro, en esa ciudad, porque era ahí el lugar preciso donde debían ser pronunciadas. Las palabras causaron asombro al mundo porque retumbaron y aún retumban en la mente de todos los que te adoramos: “ME CANSO GANSO”, dijiste y agregaste, con esa forma pausada como hablas, con sabiduría, con magia: “voy a construir el tren maya, sin cortar un solo árbol”; ¿qué más quieren los incrédulos?, “ME CANSO GANSO”, y con eso, lo se, habrá empleo para todos, aunque despidas a 270 mil inútiles burócratas y aunque los hijos de éstos se queden sin comer, habrá empleo, el despido será justo castigo a la mafia del poder, a sus empleados por andar ayudando por años a esa mafia que tanto odiamos todos los que te tenemos fe profunda en tí, mi presidente, mi presidente, el único que derrotarás a los dueños del capital aunque para eso tengas que soportar que sean ellos los que tengan en sus manos todos los hilos de la economía, que cuando estés allá en palacio nacional como lo estuvo Benito Juárez, todo será felicidad para el pueblo ; “ME CANSO GANSO”, palabras hermosas que como las palabras de Jesús en el Sinaí, salieron de tu santa boca: habrá empleo, con altos salarios para todos, aunque el mundo y México enteros vivan eso que llaman la recesión del capital: brotaran panes y peces, vestidos, vivienda, dinero para niños, jóvenes, y viejos; todos los jóvenes podrán estudiar porque habrá escuelas de todos los niveles para todos, ME CANSO GANSO, con la multiplicación que te mostró Jesús porque tu eres, mi presidente, eres un seguidor fiel del pentecostalismo, que nos dará de comer y nos vestirá a todos y no se escatimará la ayuda económica para los que tengan “capacidades diferentes” porque esos son nuestros hermanos y todos somos, hijos de Dios y si vienen migrantes, para ellos también habrá panes y peces, esos migrantes que tú sabrás, como un padre, retener en éste México para que no vayan a EEUU a molestar al presidente de allá que es tu amigo; “ME CANSO GANSO”, son ya palabras que las digo cada vez que elevo mis oraciones, la oración del padre nuestro; estoy seguro que habrá bolas calientes y palos macizos para todos, es decir, tú apoyaras el deporte y al beisbol porque a tú, mi presidente, el presidente de todos, pero sobre todo MÍ presidente, eres el más grande bateador de todos los tiempos, porque te gusta ese maravillo deporte de la pelota caliente, el deporte de estrategia y táctica que solo los grande como tú sabe jugar.
Me retumba en la cabeza tus sagradas palabras: “ME CANSO GANSO”; la emoción me embarga y envuelve mi alma porque tú sí dominarás y meterás en cintura a los ambiciosos que quieren construir ese nefasto aeropuerto, el NAIM, que lleva nombre demoniaco, NAIM, que quien sabe lo que significara y, tú, mi presidente, caído del cielo, como si fueras ángel del bien, de la guarda, harás entender a ese loco de Trump, el presidente gringo, que el muro de la frontera no se construye porque tú así lo has determinado y se, estoy segurísimo, que seguirás haciendo uso legitimo de las palabras magias, del conjuro divino, porque a ti nadie, nadie nunca te podrá vencer con esas palabras que seguirán brotando como agua fresca para los sedientos: padre nuestro que estas en los cielos:“ME CANSO GANSO”…amén

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